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Lidias de gallos, deporte y tradición en la isla de Cuba.

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PobreEl mejor 
gallo-cubano1Por: María C. Rodríguez Castellanos

Cuando escucho el canto de un gallo ciertamente no puedo negar que despierta alegría en mi corazón porque son bellos y me atraen su colorido plumaje, su gallardía y bravura, me refiero a los finos, entrenados para las peleas. Sin embargo, les confieso que no tolero las riñas entre ellos, lo que significa para muchos un apasionante deporte y para otros un juego.

No obstante, a mi manera de pensar, estoy convencida de que en Latinoamérica es uno de los entretenimientos más enraizados, sobre todo en la gente de campo, por lo que el guajiro cubano no está excluido de esa predilección ni tampoco una gran mayoría de personas de lugares urbanos.

Es una diversión bastante antigua, hay quienes afirman que las peleas de gallos comenzaron en Cuba la llegada de Colón Colón, quie trajo las primeras razas para esta recreación que se generalizó vertiginosamente con incalculable intensidad y se puede considerar actualmente una tradición cultural de nuestro país.

Conocedores del asunto se atreven a decir que terminada la II Guerra Mundial muchos ibéricos visitaron la Isla en busca de ejemplares, ya que como consecuencia del conflicto bélico se habían extinguido en sus territorios.

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Abundando en su historia, se considera por entendidos que el gallo es originario de Asia y fue introducido en Occidente por los arios en el siglo VIII a.C., y posteriormente extendido por griegos y romanos en los territorios invadidos. Se cuenta que las peleas de estas aves se oficializaron como deporte en Grecia en el año 480 a.C. y formaron parte de los programas en la primera olimpiada griega.

Documentos encontrados también, afirman que en el 1737 ya se realizaban peleas de gallos en la Cuba. Se popularizó de tal forma que era frecuente ver en cualquier poblado urbano o rural una valla, las que constituían un desafío a las autoridades de la metrópoli que acosaban estas prácticas  que estaban limitadas por unos y prohibidas por otros porque se consideraban que enardecían a los criollos y los estimulaban a la lucha, además de ser un pretexto para aglutinarse y conspirar contra los españoles.

A pesar de la notoriedad y el criollismo que adquirieron las peleas de gallos, tan pronto se terminó  la dominación española en Cuba los primeros cubanos, provenientes de la filas revolucionarias con responsabilidades influyentes en el Gobierno y cercanos a las autoridades intervencionistas norteamericanas se dieron a la tarea de gestionar la prohibición oficial de las lidias de gallos y las corridas de toro.
En 1909 el presidente cubano José Miguel Gómez con la finalidad de ganarse la simpatía del pueblo en sus elecciones, autorizó nuevamente las vallas, suprimiendo todas las prohibiciones oficiales y utilizó, además como lema de su partido, el Liberal, un gallo fino.
A finales de 1967 y a comienzos del 68 era común encontrar vallas en toda la Isla, pero, con la prohibición por el gobierno revolucionario de los juegos de azar, se cerraron y constituyeron  una ilegalidad. Los gallos finos estuvieron casi al borde de desaparecer, aunque no fue más amenaza, gracias a los apasionados y conocedores de tan hermosas aves que mantuvieron su crianza y la tradición de manera discreta.

En el 1972 surge una institución estatal, la Empresa de Flora y Fauna, encargada de reproducirlas y desarrollarlas y a la vez organizar a los criadores con el propósito de contribuir a su incremento. A mediados de la década de los 80 las peleas fueron despenalizadas, no obstante, aún se mantienen como ilegales apuestas, y no así poseer gallos y criarlos, aunque existe el criterio de que el gallo es un juego y no como se considera en realidad, un deporte.

De nuevo surgen por casi todo el país las vallas, controladas y regidas por la dirección de Flora y Fauna en cada región. Ella es la encargada de estimular y unir a los criadores y neutralizar las peleas clandestinas. Quienes se dedican a criar gallos, además de intercambiar los mejores animales para pie de cría, exportan lo más destacado de la especie a otras partes de América.

Las ferias nacionales, tres veces al año en Cuba, son el evento de mayor nivel donde participan todos los asociados.

A ellas asisten galleros de Latinoamérica y el Caribe con el objetivo de conseguir algunas de estas crías y renovar con ellas la sangre de sus razas. Las aves de combate cubanas gozan de gran prestigio, en estos lugares, debido al cruce y estilo de pelea.

Más de 20 mil ejemplares exportaba Cuba antes de 1959 y a pesar de su avance actualmente en la comercialización con México, República Dominicana, Martinica,  Guadalupe, Panamá, Venezuela, Aruba y España queda mucho trecho todavía por andar para alcanzar esa cifra.

En realidad son pocas las personas a las que no les gusten las peleas de gallos, yo me encuentro dentro de esas excepciones, pero no dejo de reconocer a sus admiradores quienes se entregan por completo a su crianza y nos dan la oportunidad de apreciar muchos colores de gallos. En Cuba existen todos: indio, pinto, cenizo, canelo, giro y más. Su calidad prima en su coraje que le viene de pura raza, en su cría. Para nadie es un secreto que las peleas de gallos son populares en nuestro país y sus seguidores asisten los fines de semana a las “vallas de gallos” durante las temporadas establecidas para las lides.

Por: Maria C. Rodríguez Castellanos

 

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